En noviembre de 1914 el Dr. Luis Agote llevó a cabo la primera transfusión de sangre.

El Dr. Agote preocupado por las hemorragias de los pacientes hemofílicos, se enfrentó al problema de la conservación prolongada de la sangre. Sus primeros intentos usando recipientes especiales y manteniendo la sangre a temperatura constante, no dieron resultado. Su investigación se encaminó a buscar una sustancia que, añadida a la sangre, evitara la coagulación. Tras muchas pruebas de laboratorio in vitro y con animales, Agote encontró que el citrato de sodio evitaba la formación de coágulos.

Esta sustancia era tolerada y eliminada por el organismo sin causar grandes problemas posteriores. La primera prueba con personas se hizo el 9 de noviembre de 1914, en un aula del Instituto Modelo de Clínica Médica, teniendo como testigos a numerosos académicos, profesores y médicos. Durante la misma un enfermo que había sufrido grandes pérdidas de sangre recibió la transfusión de 300 cm³ de sangre previamente donados por un empleado de la institución y conservados por la adición de citrato de sodio. Tres días después el enfermo, totalmente restablecido, fue dado de alta.